Cuando entré a la escuela tenía 5 años, no me daban dinero, únicamente llevaba de refacción un pan francés con mantequilla, miel o un banano. Tomaba de una cantimplora fresco de tamarindo, toki o agua pura.
No me daban dinero.
La única vez que mi mamá me dio cincuenta centavos decidí comprar una 'mielita' que era como un líquido de colores empacado en una bolsita que según calculo no pesaba más de 10 gramos. Ese día estaba feliz porque por fin podría comprar algo como todos, el único problema era que no había tienda en la escuela, los niños compraban clandestinamente a un señor con sombrero a través de los agujeros de los ladrillos que daban a la calle, así que me dispuse ir a comprar una mielita.
"Señor me da una mielita" le dije a la vez que le pasé un billete de cincuenta centavos, él me lo recibió y hasta la fecha sigo esperando la mielita.
Cuando entre a la escuela primaria ya no me mandaban un francés ¡Ahora me mandaban dos! a veces con jamón, y encima me daban un quetzal. Creo que lo que ayudó a que me enviaran dos franceses fue que mi papá me compró una lonchera en Pollo Campero así que de alguna forma tenían que llenarla.
Entré a la secundaria y me seguían enviando dos franceses de refacción y un quetzal, la única diferencia era que la lonchera de Pollo Campero estaba quebrada e inservible.
Cuando decidí estudiar magisterio tenía que viajar en bus y la jornada era doble, así que me daban cinco quetzales: Uno de ida, uno de vuelta y tres para lo que quisiera comprar, y ahora de refacción y almuerzo llevaba tres franceses.
No me dan dinero.
Tu eres la que va a la U con lonchera y 8 franceses.
ResponderEliminar¡Me descubriste!
ResponderEliminar