Cada vez voy a un baño que no es mío, giro la perilla y me tomo cinco segundos antes de empujar la puerta.
La razón: Tiempo. Le doy tiempo a la persona que accidentalmente ha olvidado poner el seguro para que pueda gritar "¡Está ocupado!" o lo que se le ocurra para avisarme de su existencia.
Pequeños detalles que la sociedad no puede notar pero que en determinado momento le pueden hacer el día.