viernes, septiembre 2

Pequeñas consideraciones con la sociedad. No. 2


Miles de personas salen de sus hogares cada mañana con la etiqueta de fuera y nadie se toma la molestia de decir "¡Ea! Joven, trae la etiqueta de la camisa de fuera" o "Señora, métase la etiqueta de la blusa". Y tampoco es mi caso. 

Mientras viajaba en un bus urbano, una señora que iba sentada tenía la etiqueta de fuera. No le quise decir pero tuve una idea: Como yo iba parada, en un bus urbano y generalmente los buses frenan abruptamente, decidí que cuando llegara mi turno de bajar del bus, gritaría "¡Parada!" a destiempo y el piloto enojado frenaría y aprovecharía para "Chocar" con la señora y accidentalmente meterle la etiqueta. 

Y así fui maquinando mi plan. Ese día me gané una cara de rabia por parte de la señora pero en el fondo me sentí feliz ya que tuve una consideración con ella para que no formara parte de las estadísticas de personas que salen cada mañana con la etiqueta de fuera. Y si, la expresión ¡Ea! tenía ganas de usarla.

jueves, junio 23

Pequeñas consideraciones con la sociedad. No. 1

Cada vez voy a un baño que no es mío, giro la perilla y me tomo cinco segundos antes de empujar la puerta. 
La razón: Tiempo. Le doy tiempo a la persona que accidentalmente ha olvidado poner el seguro para que pueda gritar "¡Está ocupado!" o lo que se le ocurra para avisarme de su existencia. 

Pequeños detalles que la sociedad no puede notar pero que en determinado momento le pueden hacer el día. 

sábado, enero 8

El Osito de la Miel

Todo sucedió mientras contemplaba un bote vacío del osito de miel. 

- Mamá, cuando era pequeña y empecé a estudiar... Creo que tenía cinco años, siempre a la hora de refacción, destapaba el osito de miel que vos me mandabas con algo para tomar, a veces era fresco de tamarindo, o limonada que era lo que vos más me enviabas.
La limonada cuando se lleva a la escuela sabe feo, talvez el bote del osito tenía algo que ver. Pero en fin, no sé por qué me enviabas alli cualquier cosa para tomar. 
Un día me enviaste atol, y me costó tomarlo, creo que pasé todo el recreo intentando que saliera hasta que le pedí a una niña... Nancy, ¿Sabés quien es verdad? 

- Si, ya sé quien es. 

- Va, pues ella me destapó el osito y pude tomar el atol.

- ¿De verdad yo hacía eso?

- No sé, en realidad no creo que la hayas hecho, pero me hubiera gustado que lo hicieras. Es más ; jamás lo hiciste, esto no es más que un recuerdo inventado.