"Yo dormí en esa cuna hasta que mis piernas salían por los barrotes. Esa cuna no era nueva, pues allí crecieron todos mis hermanos que ahora rondan los treinta y tantos. Esa cuna fué mi compañera, quizás por rehusarme a crecer y aunque suene retorcido pero ¡Yo dormía en esa cunita y mis piernas salían por los barrotes!.
Al tocar mi cuna quien muy cansada de criar a mis cuatro hermanos, crujía de dolor y dejaba escapar lágrimas de cuna, que no son más que las mismas lágrimas de un mueble: El polvo.
Yo dormí en esa cuna justo al cumplir los nueve años. Esa noche, mi cuna crujió un poco más de lo normal. Me acosté acomodando mis rodillas en los barrotes y dormí, tuve un sueño muy extraño de ésos que se tienen el día que cumples años y como es habitual el día del cumpleaños: Crecí un poco más.
Yo dormí en esa cuna hasta que cumplí nueve años. Al amanecer mi madre me encontró envuelto por el polvo; por las lágrimas de quien vió crecer a mis cuatro hermanos: Envuelto por mi cuna. Ése día al volver no encontré ni el rastro, pregunté y todos actuaron como si no existiera, es más aún siguen actuando como si jamás existió".
-Vos me contaste la base de ese relato, yo lo tergiversé.